miércoles, 20 de julio de 2011
Escuela de sirenas
Esta es la historia de una decisión, posiblemente una de las mejores decisiones de mi vida junto con la de ser heterosexual, omnivoro y sevillista, pero bueno, aquí tienen razón los deterministas, estas cosas no se eligen… Un mes mirando y comparando todos los gimnasios de Alcalá… vaya tela, no conocía yo este mundillo… digno de estudio, vaya ganao! El primero lleno de makarras, el dueño el más makarra de todos, mákina a toda leche, coches tuneaos en la puerta… cantera de porteros de discoteca. El segundo con horario de funcionarios, vaya plan, así cualquiera monta un gimnasio. El tercero apestando a sudor desde la misma puerta, qué fatiguita… Y el último el SATO, genial, hay que reconocerlo, pero caro que te cagas… Pues eso, que cuando ya me había resignado a seguir corriendo por los cerros de Alcalá y nadando 3 veces en todo el verano, se me encendió la lucecita, me deshice de una inversión ruinosa (eso es otra historia…) y compré un título de propiedad del Club de Tenis Oromana en cuestión de horas, llámalo destino, llámalo karma... No voy a decir que ha cambiado mi vida porque estaría exagerando, pero es que es verdad, coño, es que ha cambiado mi vida, que me estoy poniendo hasta moreno!!! Yo moreno!!!! Se dice que no se sabe lo que se tiene hasta que se pierde, no? Pues yo no sabía lo que me perdía hasta que lo he tenido… Todas las tardes un ratito con las niñas en la piscina y después cervecita + tapita… en la gloria… Paula ya nadando sola en 2 semanas, Marta de la piscina chica a la grande y de vuelta a la chica, Estefi igual, del solarium al pucherito y del pucherito al solarium… lo que se dice en la gloria… y yo que acabo de descubrir que a medio día la piscina está vacía… del curro a nadar media horita antes de almorzar… una auténtica pasada… Noticia de alcance: totalmente confirmado, ha vuelto a las piscinas el acorazado del Cerro del Moro… que tiemble Michael Phelps…
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