Uno piensa en viajar a Bélgica y lo
primero que se pregunta es “Pa qué tan lejos, con lo bien que se
está en Matalascañas?” A ver, qué hay en Bélgica? Tintin, los
gofres, la Grand Place, el Atomium, las papas fritas, el parlamento
europeo... tampoco es que nada de esto sea de “100 cosas que hacer
antes de morir” pero después de más de 700 Km por tierras belgas
en coche (y otros pocos a pie), la conclusión es que merece la pena;
no me importaría volver, se me ocurre, para hacer una ruta
gastronómica-cervecera de taberna en taberna (qué buenos son
haciendo cerveza) y de paso sacarme la espinita de no haber probado
moule frites, así que si alguien busca compañero de viaje...
Bueno, vamos ya con la crónica del
viaje: llegada a Charleroi a las 22:25, con 35 minutos de adelanto
sobre el horario previsto, que estoy empezando a pensar que los de
Ryanair ponen el margen tan amplio para ponerse el pin de la
puntualidad un vuelo sí y otro también. Pues eso, que llegamos y a
buscar un taxi para el hotel... monopolio de taxistas moros, que no
es que yo tenga nada en contra, pero como todos sean igual de piratas
que el que nos tocó... el colega nos quería cobrar 28€ por
llevarnos a un hotel que está a poco más de 1 Km... sin encender el
taxímetro, sin recibo... lo que se dice un prenda... al final de la
negociación la cosa se quedó en 10€; según la gente del hotel,
lo normal para 7 personas hubieran sido 16€ así que después del
sofocón no nos salió mal la cosa...
Hicimos noche en el Ibis Budget
Charleroi Aéroport, la verdad bastante bien para lo que se le pide a
un hotel de este tipo, y por la mañana desayuno bastante correcto
(niñas gratis) y a recoger los coches al aeropuerto, esta vez con un
taxista en condiciones. Dos Opel Corsa, a tope de combustible ya
cobrado (???), los de Hertz nos la metieron doblá, nos dan el coche
con el depósito lleno pero nos lo cobran, de modo que por un lado
bien porque te olvidas de llenarle el depósito a la hora de
entregarlo, pero por otro lado, kilómetros que no hagas, dinero que
le pierdes... en fin, los belgas, que nos han salido espavilaos...
Pues nada, caminito de Gante (Gent) y
en menos de una hora habíamos llegado; el hotel (Novotel Gante
Centrum), mu bonito, mu céntrico y mu to, pero para meter dos coches
por zona peatonal un coñazo... Primera sorpresa, en Flandes no
hablan francés... a duras penas nos entendimos con la recepcionista
del hotel, que manda huevos que en un 4 una recepcionista hable sólo
neerlandés y chapurree algo de inglés... Eso sí, mientras sí
mientras no, las niñas jugando con la X-Box y los juguetes de la
recepción... muy bien, sí señor... Llegamos con el día nublado y
la primera impresión fue de ciudad medieval tristona, pero en cuanto
soltamos los coches y dejamos el hotel salió el sol y la cosa cambió
bastante, preciosa y un ambientazo espectacular, calles Graslei y
Korenlei junto
al canal, el ayuntamiento (Stadhuis), el
Castillo
de Gravensteen, el
barrio de Patershol...
muy muy bonita, sí señor.
A la vuelta al hotel,
visita al Carrefour
Express a buscar la cena y el desayuno del día siguiente, meeting
point, habitación 218.
El
domingo amaneció lloviendo y
parecía que Amberes (Antwerpen) iba a pasar sin pena ni gloria en
nuestro viaje a Bélgica pero a media mañana salió el sol y volvió
a pasar lo que el día
anterior en Gante, solo
que esta vez, además, tuvimos la suerte de encontrarnos con la
Bollekesfeest,
la fiesta de la cerveza,
un mercadillo con productos típicos de la región con un ambientazo,
mucha gente y muchos puestos de cerveza...
y muuuucha gente con copas
de cerveza, todas de la misma marca... De
Koninck... tanta gente y
tantas copas que al final le entra a uno la curiosidad... y pregunta
y se encuentra con que la
chavalita habla español,
y me explica que la
cerveza es gratis (!!!!!) rellenando un formulario que viene en un
periódico local (!!!!!!) que vale 2,20 €... po dame uno, miarma...
al final fueron dos... devuelves
la copa y a cambio te dan
un cuponcito para entrar en el sorteo de un vuelo en helicóptero y
bla bla bla... obviamente,
las copas se vinieron
con nosotros a Sevilla... Impresionante
la torre de la Catedral de
Nuestra Señora (Onze Lieve Vrouwekathedraal),
la plaza del
mercado (Grote Markt),
el ayuntamiento (Stadhuis)
y dejamos para el final la
Estación Central,
preciosa también, rodeada
de decenas de tiendas de diamantes... no es casualidad que fuéramos
un domingo... jejeje... Esa
noche cenamos en Gante en
un sitio típico que nos
recomendó el
recepcionista, Sympa (Frituur bij Sint-Jacobs, verse frieten sinds
1953)... más papas fritas...
El
tercer destino en Flandes fue Brujas (Brugge),
una pequeña decepción; no es que no sea bonita, que lo es, es que
está tan masificada que uno
no es
capaz de apreciar la belleza entre tanto autobús de turistas
españoles... muy bonita la Catedral
(Sint-Salvatorskathedraal)
a la entrada de la
ciudad,
después la plaza del
mercado y la plaza Burg, el
campanario (Belfort) y
por supuesto paseíto en barca por los canales. Muy muy bonita pero
masificada, me da a mí
que en Navidad
tiene que ser una pasada...
A la vuelta a Gante, paseo
nocturno con gofre incluído,
suma y sigue... también
preciosa la ciudad de noche.
Check
out en el hotel y camino de Bruselas, pero antes una paradita en
Leuven, suena mejor así que en español (Lovaina). Ciudad
universitaria de la que
visitamos la universidad y
el Stadhuis (a estas
alturas ya todo el mundo sabe lo que significa, no?) y poco más,
para acabar comiendo en el
McDonalds... y ya iban
dos... como que ya le
estábamos cogiendo un
poquito de fatiga a tanta papa frita... Y sobre
las 4 ya estábamos entrando en Bruselas, y menos mal que nos lo
habíamos currado sobre el plano porque resultó ser mucho mucho más
grande y menos manejable de lo que nos habíamos imaginado, el
tráfico un pequeño caos con obras por todas partes y conductores
pelín cabrones...
Encontramos el Hotel
Meiniger a
la primera, dejamos
las cosas en la habitación, las
niñas flipando con las literas,
y nos fuimos de paseo al centro cruzando
territorio comanche... joer
con el barrio... y
después de media horita
andando tranquilos
llegamos al
cogollito de Bruselas...
mucha gente, mucho
ambiente, muchos españoles, muy bonita la Grand
Place, más pequeña de lo
que uno se imaginaba, como el Manneken
Pis,
mu chiquetito...
bueno, otro
gofre y por hoy ya está
bien, que las niñas están reventaítas... la cena en el hotel, en
la Guest Kitchen, una especie de comedor de albergue con cocina y
mesas... muy original, sí señor...
Noche
fresquita en la habitación del hotel, resulta que con la
modernura
y el progrerío, la habitación tiene temperatura constante de 22º
todo el año, ni termostato ni pollas... ventilación
forzada, no se puede abrir
la ventana ni apagar el
aire... la
madre que los parió... así
que Plan
B, toalla taponando la ventilación... a grandes males grandes
remedios... En
fin, por la mañana
3 euritos al coche pa la zona azul y al centro otra vez a que Blat
nos haga un tour por la ciudad... la verdad es que el chaval es
simpático y la visita se nos hizo muy amena, empezamos a las 11 y
acabamos a las 4 con sólo 20 minutos para tomarnos un tentempié...
a la vuelta al hotel, ya bien tarde, ni multa ni nada... ningún
coche con el papelito de la zona azul... y es que entre las pandillas
de moros del barrio y la calle del hotel cortada, no creo yo que a
ningún empleado de AUSSA
se le ocurra venir por aquí, así que... aparcamiento gratis en
Bruselas... ya era hora,
joer, que nos estaban cobrando hasta por mear...
Duchita y cena por el
barrio de Dansaert
en un italiano, la primera comida decente desde que llegamos, Bella
Vita, en la Place du
Jardin aux Fleurs... qué
buena la comida y qué rica la cerveza... Jupiler normalita pero
Chimay
Bleue espectacular... esta
gente otra cosa no, pero lo que es hacer cerveza... y
después de la cena, paseíto nocturno por la Grand Place... vaya
cosa bonita...
El
jueves día grande para las niñas, Atumium y Mini Europa... muy
bonito, merece la pena llevarlas pero una
pasada los precios... pero bueno, las niñas se lo pasaron muy bien,
que es de lo que se
trataba.
El tiempo empezó a
refrescar por primera vez desde que llegamos a Bélgica y la
merienda picnic en el
Parque del Cincuentenario
se nos fue al garete, de modo que duchita en el hotel y a cenar... al
Bella Vita...
Nos
quedaba gasolina en el depósito para 200 Km y tiempo para ver cosas,
así que... rumbo al sur,
Dinant... Incursión en Valonia,
la tercera región de
Bélgica, después de haber visitado Flandes y Bruselas. Pueblecito
precioso cerca de la frontera con Francia, tiene
de todo, acantilado,
río, catedral, teleférico,
ciudadela fortificada... sólo
le falta un Mercadona... también
famosa por ser el lugar de nacimiento del inventor del saxo (con “a”)
y por sus couques,
unas galletas de miel y
harina más duras que su puta madre... ni tirándolas contra el suelo
se rompían... por lo visto, la gracia está en romperlas con la mano
y dejar que se vayan deshaciendo en la boca... me acabo de enterar...
lo mismo estaban hasta buenas...
Y
con el tiempo justo y el
Corsa ya en reserva, caminito
de Charleroi para poner punto final al viaje. Por
fin pudimos hacer un picnic como querían las niñas, en el
aparcamiento de un Lidl y
mirando el reloj pero
guay...
último bocata, última bolsa de patatas... pensando
en los mejillones que no
probé, en la cantidad de cervezas que me quedaron por catar,
y sobretodo en el puchero
del día siguiente...