miércoles, 28 de agosto de 2013

Flandes, Bruselas, Valonia


Uno piensa en viajar a Bélgica y lo primero que se pregunta es “Pa qué tan lejos, con lo bien que se está en Matalascañas?” A ver, qué hay en Bélgica? Tintin, los gofres, la Grand Place, el Atomium, las papas fritas, el parlamento europeo... tampoco es que nada de esto sea de “100 cosas que hacer antes de morir” pero después de más de 700 Km por tierras belgas en coche (y otros pocos a pie), la conclusión es que merece la pena; no me importaría volver, se me ocurre, para hacer una ruta gastronómica-cervecera de taberna en taberna (qué buenos son haciendo cerveza) y de paso sacarme la espinita de no haber probado moule frites, así que si alguien busca compañero de viaje...

Bueno, vamos ya con la crónica del viaje: llegada a Charleroi a las 22:25, con 35 minutos de adelanto sobre el horario previsto, que estoy empezando a pensar que los de Ryanair ponen el margen tan amplio para ponerse el pin de la puntualidad un vuelo sí y otro también. Pues eso, que llegamos y a buscar un taxi para el hotel... monopolio de taxistas moros, que no es que yo tenga nada en contra, pero como todos sean igual de piratas que el que nos tocó... el colega nos quería cobrar 28€ por llevarnos a un hotel que está a poco más de 1 Km... sin encender el taxímetro, sin recibo... lo que se dice un prenda... al final de la negociación la cosa se quedó en 10€; según la gente del hotel, lo normal para 7 personas hubieran sido 16€ así que después del sofocón no nos salió mal la cosa...

Hicimos noche en el Ibis Budget Charleroi Aéroport, la verdad bastante bien para lo que se le pide a un hotel de este tipo, y por la mañana desayuno bastante correcto (niñas gratis) y a recoger los coches al aeropuerto, esta vez con un taxista en condiciones. Dos Opel Corsa, a tope de combustible ya cobrado (???), los de Hertz nos la metieron doblá, nos dan el coche con el depósito lleno pero nos lo cobran, de modo que por un lado bien porque te olvidas de llenarle el depósito a la hora de entregarlo, pero por otro lado, kilómetros que no hagas, dinero que le pierdes... en fin, los belgas, que nos han salido espavilaos...

Pues nada, caminito de Gante (Gent) y en menos de una hora habíamos llegado; el hotel (Novotel Gante Centrum), mu bonito, mu céntrico y mu to, pero para meter dos coches por zona peatonal un coñazo... Primera sorpresa, en Flandes no hablan francés... a duras penas nos entendimos con la recepcionista del hotel, que manda huevos que en un 4 una recepcionista hable sólo neerlandés y chapurree algo de inglés... Eso sí, mientras sí mientras no, las niñas jugando con la X-Box y los juguetes de la recepción... muy bien, sí señor... Llegamos con el día nublado y la primera impresión fue de ciudad medieval tristona, pero en cuanto soltamos los coches y dejamos el hotel salió el sol y la cosa cambió bastante, preciosa y un ambientazo espectacular, calles Graslei y Korenlei junto al canal, el ayuntamiento (Stadhuis), el Castillo de Gravensteen, el barrio de Patershol... muy muy bonita, sí señor. A la vuelta al hotel, visita al Carrefour Express a buscar la cena y el desayuno del día siguiente, meeting point, habitación 218.

El domingo amaneció lloviendo y parecía que Amberes (Antwerpen) iba a pasar sin pena ni gloria en nuestro viaje a Bélgica pero a media mañana salió el sol y volvió a pasar lo que el día anterior en Gante, solo que esta vez, además, tuvimos la suerte de encontrarnos con la Bollekesfeest, la fiesta de la cerveza, un mercadillo con productos típicos de la región con un ambientazo, mucha gente y muchos puestos de cerveza... y muuuucha gente con copas de cerveza, todas de la misma marca... De Koninck... tanta gente y tantas copas que al final le entra a uno la curiosidad... y pregunta y se encuentra con que la chavalita habla español, y me explica que la cerveza es gratis (!!!!!) rellenando un formulario que viene en un periódico local (!!!!!!) que vale 2,20 €... po dame uno, miarma... al final fueron dos... devuelves la copa y a cambio te dan un cuponcito para entrar en el sorteo de un vuelo en helicóptero y bla bla bla... obviamente, las copas se vinieron con nosotros a Sevilla... Impresionante la torre de la Catedral de Nuestra Señora (Onze Lieve Vrouwekathedraal), la plaza del mercado (Grote Markt), el ayuntamiento (Stadhuis) y dejamos para el final la Estación Central, preciosa también, rodeada de decenas de tiendas de diamantes... no es casualidad que fuéramos un domingo... jejeje... Esa noche cenamos en Gante en un sitio típico que nos recomendó el recepcionista, Sympa (Frituur bij Sint-Jacobs, verse frieten sinds 1953)... más papas fritas...

El tercer destino en Flandes fue Brujas (Brugge), una pequeña decepción; no es que no sea bonita, que lo es, es que está tan masificada que uno no es capaz de apreciar la belleza entre tanto autobús de turistas españoles... muy bonita la Catedral (Sint-Salvatorskathedraal) a la entrada de la ciudad, después la plaza del mercado y la plaza Burg, el campanario (Belfort) y por supuesto paseíto en barca por los canales. Muy muy bonita pero masificada, me da a mí que en Navidad tiene que ser una pasada... A la vuelta a Gante, paseo nocturno con gofre incluído, suma y sigue... también preciosa la ciudad de noche.

Check out en el hotel y camino de Bruselas, pero antes una paradita en Leuven, suena mejor así que en español (Lovaina). Ciudad universitaria de la que visitamos la universidad y el Stadhuis (a estas alturas ya todo el mundo sabe lo que significa, no?) y poco más, para acabar comiendo en el McDonalds... y ya iban dos... como que ya le estábamos cogiendo un poquito de fatiga a tanta papa frita... Y sobre las 4 ya estábamos entrando en Bruselas, y menos mal que nos lo habíamos currado sobre el plano porque resultó ser mucho mucho más grande y menos manejable de lo que nos habíamos imaginado, el tráfico un pequeño caos con obras por todas partes y conductores pelín cabrones... Encontramos el Hotel Meiniger a la primera, dejamos las cosas en la habitación, las niñas flipando con las literas, y nos fuimos de paseo al centro cruzando territorio comanche... joer con el barrio... y después de media horita andando tranquilos llegamos al cogollito de Bruselas... mucha gente, mucho ambiente, muchos españoles, muy bonita la Grand Place, más pequeña de lo que uno se imaginaba, como el Manneken Pis, mu chiquetito... bueno, otro gofre y por hoy ya está bien, que las niñas están reventaítas... la cena en el hotel, en la Guest Kitchen, una especie de comedor de albergue con cocina y mesas... muy original, sí señor...

Noche fresquita en la habitación del hotel, resulta que con la modernura y el progrerío, la habitación tiene temperatura constante de 22º todo el año, ni termostato ni pollas... ventilación forzada, no se puede abrir la ventana ni apagar el aire... la madre que los parió... así que Plan B, toalla taponando la ventilación... a grandes males grandes remedios... En fin, por la mañana 3 euritos al coche pa la zona azul y al centro otra vez a que Blat nos haga un tour por la ciudad... la verdad es que el chaval es simpático y la visita se nos hizo muy amena, empezamos a las 11 y acabamos a las 4 con sólo 20 minutos para tomarnos un tentempié... a la vuelta al hotel, ya bien tarde, ni multa ni nada... ningún coche con el papelito de la zona azul... y es que entre las pandillas de moros del barrio y la calle del hotel cortada, no creo yo que a ningún empleado de AUSSA se le ocurra venir por aquí, así que... aparcamiento gratis en Bruselas... ya era hora, joer, que nos estaban cobrando hasta por mear... Duchita y cena por el barrio de Dansaert en un italiano, la primera comida decente desde que llegamos, Bella Vita, en la Place du Jardin aux Fleurs... qué buena la comida y qué rica la cerveza... Jupiler normalita pero Chimay Bleue espectacular... esta gente otra cosa no, pero lo que es hacer cerveza... y después de la cena, paseíto nocturno por la Grand Place... vaya cosa bonita...

El jueves día grande para las niñas, Atumium y Mini Europa... muy bonito, merece la pena llevarlas pero una pasada los precios... pero bueno, las niñas se lo pasaron muy bien, que es de lo que se trataba. El tiempo empezó a refrescar por primera vez desde que llegamos a Bélgica y la merienda picnic en el Parque del Cincuentenario se nos fue al garete, de modo que duchita en el hotel y a cenar... al Bella Vita...

Nos quedaba gasolina en el depósito para 200 Km y tiempo para ver cosas, así que... rumbo al sur, Dinant... Incursión en Valonia, la tercera región de Bélgica, después de haber visitado Flandes y Bruselas. Pueblecito precioso cerca de la frontera con Francia, tiene de todo, acantilado, río, catedral, teleférico, ciudadela fortificada... sólo le falta un Mercadona... también famosa por ser el lugar de nacimiento del inventor del saxo (con “a”) y por sus couques, unas galletas de miel y harina más duras que su puta madre... ni tirándolas contra el suelo se rompían... por lo visto, la gracia está en romperlas con la mano y dejar que se vayan deshaciendo en la boca... me acabo de enterar... lo mismo estaban hasta buenas...

Y con el tiempo justo y el Corsa ya en reserva, caminito de Charleroi para poner punto final al viaje. Por fin pudimos hacer un picnic como querían las niñas, en el aparcamiento de un Lidl y mirando el reloj pero guay... último bocata, última bolsa de patatas... pensando en los mejillones que no probé, en la cantidad de cervezas que me quedaron por catar, y sobretodo en el puchero del día siguiente...