miércoles, 29 de mayo de 2013

Montero 9


No tengo especial talento para expresar emociones, no me resulta fácil encontrar las palabras, quizá sea por eso por lo que he empezado, abandonado y vuelto a empezar estas líneas decenas de veces a lo largo de los últimos 3 años, o quizá también sea porque la herida sigue abierta y los sentimientos siguen siendo muy intensos a pesar del tiempo. Y sigo con esa espina clavada, nada de lo que escribo sobre ella me parece ni lo suficientemente bueno ni lo suficientemente fiel a como fue y a como la recuerdo.

Hoy me he encontrado por casualidad un correo suyo y todo ha vuelto; me he decidido a escribir y, esta vez sí, a terminar lo que empiezo, con la certeza de que no estaré a la altura. ¿Sobre qué escribir, sobre el dolor de su ausencia o sobre la alegría de haber  compartido momentos de su vida? No sería justo quedarme sólo en la tristeza que nos dejó su pérdida cuando su vida estuvo llena de alegrías, mejor quedarme con los muchos y buenos recuerdos que conservo de ella, pero tengo también la necesidad de abrirme un poco y dejar salir una pequeña parte de la pena que sigo llevando dentro, no soy una roca.

En aquella tarde de julio nos cambió la vida para siempre, otro golpe del destino, más dolor sobre el dolor, más preguntas sin respuesta, más vacío… la vida ha seguido, el tiempo ha pasado, pero el vacío sigue, y nada ni nadie podrá llenar nunca ese vacío. Por muchos y buenos recuerdos que guarde de ella, hay días como hoy que me sube el poso amargo de lo que pudo haber sido y no fue, de los proyectos que quedaron en nada, de esos momentos que nunca disfrutará… de lo feliz que la hubiera hecho conocer a Cayetano, de lo que hubiera disfrutado jugando con Marta, de lo buena amiga que habría llegado a ser de Paula…

La vida sin ella no ha sido y nunca será igual. Me gusta pensar que aparte de su cuñao fui su amigo, que me apreciaba y me quería como yo la apreciaba y la quería a ella. Me gusta también pensar que cuando me necesitó estuve allí para echarle una mano, y cuando confió en mí para que la ayudara a tomar alguna decisión importante también estuve a su lado, para eso está la familia, para eso están los amigos. Aparte del cariño, la amistad y el aprecio que sentíamos mutuamente, yo por ella sentía admiración, tuve  ocasión de decírselo, de hablarle de cómo admiraba su capacidad de trabajo, su compromiso, su capacidad de aprender y de crecer. La veía como una versión mejorada de su padre, la capacidad de sacrificio y de trabajo de Paco con el punto de ambición y el toque de individualismo de su exultante juventud.

Desenfada, alegre, independiente, cariñosa, impulsiva, generosa, volcada con los suyos… también fue un espíritu libre, por momentos imprevisible, cierto, pero cuando hacía falta siempre estaba allí para lo que hiciera falta… heart of gold… De todo lo bueno que tenía, me quedo con cómo quería a los suyos, a sus hermanas, a su Pili, a sus padres, a su abuela Julia, a sus sobrinas… para Paula siempre su tita Caro…

Me dejo mucho en el tintero, lo sé, todos tenemos su recuerdo muy vivo… podría haber relatado momentos compartidos, el día que la conocí en el piso de Alcalá, las lágrimas de alegría en el hospital en los nacimientos de Paula y Marta, las risas sobre lo malo que era Fernando Torres, los buenos ratitos en el autobús a la base de Morón, las charlas sobre su trabajo en Argelia… quizá debería haberlo hecho, quizá debería hacerlo… Hoy no pretendía otra cosa que hablar un poco de ella, recordarla en su cumpleaños hace tres días, contar lo que significó y sigue significando en mi vida, desahogarme después de todo este tiempo. Me sentía en deuda contigo, Carolina.

Miss you.