lunes, 14 de diciembre de 2015

Marrakech


Así de entrada, te dicen de ir a Marrakech pudiendo ir a Londres, Praga o Berlín y como que no te llama la atención, a que no? Sinceramente, Marruecos no entra por los ojos, como que te echa un poco para atrás: país árabe, musulmán, “chinches, piojos y miseria” (que diría mi padre), los malos en las películas y en las noticias últimamente son siempre moros… no sé... y por mu bonito que sea y por muy bien que te hablen de Marrakech los que ya lo conocen como que te resistes un poco a ir. Y luego lees “Marrakech, destino para el turismo de compras” y dices “De compras de qué? Seamos serios, qué se compra allí? Babuchas? Chilabas? Teteras? Bolsos de imitación?” Po bueno, po vale, po mira qué bien… en fin, como que no estaba mu motivao, no? Pero, entre que José Antonio y Cristina también se animaron y que el vuelo de Ryanair nos salió por poco más de 90 € i/v los dos, como que dice uno “vaaaale, venga, va… por probar...” y de un día pa otro te ves en Marrakech, de noche, siguiendo a 3 moritos por los callejones de la medina… oyoyoyoy, qué barbariá... vamos a ir poquito a poco, petit à petit...



Una vez teníamos el vuelo, que fue allá por junio o así, lo siguiente era el alojamiento: nos decidimos por el Riad Kheirredine, caro pero el que mejores referencias tenía en Tripadvisor, y ya que los vuelos nos habían salido a un precio de risa, pues eso… lo mejor de lo mejor, que no nos falte de na, que no que no… Pensamos también que sería buena idea contratar transfer desde el aeropuerto también con el riad, 20€ entre 4 personas, pas mal. 




Bueno, pasaporte en regla, billetes impresos, maleta para traer regalos facturada… ya mismo estamos allí… En la cola de embarque conocemos a un señor que nos dice que vuela a Marrakech una vez al mes (por lo visto tienen invernaderos en Agadir), que aquello es muy seguro y que perdamos cuidado… bueno, pues nada, tanto mejor así… Oye, poco más de una hora de vuelo, a mitad de camino de, por ejemplo, Tenerife (!!!), so close and yet so far, que diría un inglés. Llegada a Marrakech atardeciendo, nosotros junto con otros 3 o 4 vuelos más... vaya ambientazo en el aeropuerto, más de una hora en la cola para el control de pasaportes, que te da tiempo más que de sobra para rellenar el formulario de inmigración… un ratito más esperando para cambiar euros por dirhams y para cuando encontramos al chico del transfer entre otros 90 moritos con carteles de hoteles (no exagero), ya era noche cerrada en Marrakech, que bendita la hora que contratamos el transfer, porque de pensar en coger un taxi, regatear el precio de la carrera con el moro, luego a ver dónde nos deja, porque al riad no se puede llegar en coche, llevar las maletas entre un laberinto callejones oscuros, con motos pasándote a 2 cm, sin plano de la medina y de noche… Por si fuera poco, nos pilló sábado noche y celebración del 40 aniversario de la marcha verde, las calles llenas de gentes con banderas, tambores… pues eso, que bendito transfer… El coche nos dejó lo más cerca posible del riad, allí nos esperaban 3 chicos que nos llevaron las maletas mientras nosotros los seguíamos alucinando de lo estrechas y oscuras que son las calles y de las motos pasando a toda hostia rozándote... el riad imposible de encontrar sin ayuda… ay, Jezú, qué 20 € más bien pagaos!!!



Al final de un callejoncito estrecho y oscuro como la boca de un lobo, se abre una puerta y entramos en el riad... iluminación chill-out, el sonido del agua de la fuente en medio del silencio, decoración super cuidada… la primera impresión no pudo ser mejor después de la vorágine del tráfico y la caminata detrás de los zagales con nuestro equipaje por los callejones de la medina... Bienvenida al riad con nuestro primer té verde, nos reciben todas las chicas de recepción y se queda con nosotros Elena, pelín intensa y cansina pero muy amable la muchacha. Ducha rápida en nuestra habitación (Ambre) y ya está listo el tío… cena para 4 en la terraza a la luz de las velas. La terraza una pasada, vistas preciosas, temperatura ideal, comida riquísima… todo perfecto, 10/10. A la vuelta a la habitación el olor a aceite aromático se estaba pasando y descubrimos que dentro del armario olía a humedad, de hecho la ropa la dejamos en las maletas… en fin… y a las 5:25 de la mañana los muecines, o como se diga, de todas las mezquitas de Marrakech, que son unas cuantas, llamando a los fieles a la oración… la madre que los parió, tú te crees que las 5 de la mañana son horas pa rezar?




 
Amanece un día espectacular, ni una nube en el cielo y calorcita tirando a caloraca de verdad, esto en verano debe ser un infierno… Desayuno a la carta en la misma terraza de anoche, y otro té verde pa empezar el día. Queja en recepción (buen rollito) y Valentina nos dice que van a pasar a revisar los desagües y el A/C un fontanero, a ver si puede ser... Ya nos estaba esperando Sharîf… Sha qué!!! By the way, otro acierto el contratar un guía para el primer día en la ciudad, que uno está mu viajao pero no es lo mismo orientarte y visitar por tu cuenta Helsinki o Toronto que una ciudad árabe por primera vez, que todavía estábamos alucinados con el caos del tráfico y las motos circulando a toda leche por los callejones, y eso que nos habían llevado de la manita... 



A las 9:30 salimos del riad y lo primero que nos dijo Sharîf, primera norma básica de supervivencia en Marrakech: “pegaditos a la parte de derecha de las calles”… más de un disgusto que nos evitó… Y primer destino: la escuela coránica, Medersa o Madraza Ben Youssef. 


Precioso el edificio, muy parecido por momentos al Alcázar de Sevilla. Mientras nos enseñaba la ciudad también nos hablaba de costumbres, del islam, de la sociedad, la familia, el barrio… muy interesante, tanto o más que lo que nos comentaba sobre monumentos y tal. Norma básica para no perderse en el/los zoco/s: “volver siempre a la calle principal”. Aún así, es un auténtico laberinto y llega un momento en que te desorientas, incluso “la mujer que nació con un GPS incrustado en el selebro”… jejeje... Y de propina una norma para regateo: “no muestres interés por lo que quieras comprar”… ya tendríamos ocasión de practicar, las mujeres estaban ansiosas: un día ya en Marrakech y no habían comprado nada...jejeje… Sharîf nos dejó en la plaza Jemaa el Fna a medio día, nos dimos un paseo hasta la Koutoubia, la hermana pequeña de la Giralda, dicen. La plaza impresiona la primera vez que la ves, no tanto por lo monumental sino por la vida que tiene, decenas de puestos vendiendo de todo, encantadores de serpientes, puestos de comida y zumos de naranja recién hechos… hasta un puesto con dientes vimos (???). Sin duda, el corazón de Marrakech. 







 
Para almorzar nos subimos a la terraza del Café des Épices, en la Place des Épices. No está mal, vistas chulas sobre la plaza, sombreritos de paja para que los clientes se resguarden del solazo que hacía (impresionante para un mes de noviembre, no me quiero ni imaginar lo que tiene que ser aquello en julio), comida aceptable tirando a buena, precio razonable… pas mal… 


Después de comer nuestra primera incursión en el zoco, ya sin manguitos… jejeje… Volvimos a la plaza a darle el capricho a Cristina: paseo en calesa por la ciudad. Los cocheros se nos echaron encima como jauría de chacales que avistan a 4 cachorros de cebra… jejeje… empezaron ofreciendo paseo de 1 hora por 400 dirhams (40€), el guía nos dijo que el precio justo para 4 personas eran unos 120 dirhams; al final quedó la cosa en 200, ni pa ti ni pa mí, pero con la sensación (primera vez) de que te están engañando... que sí, que son 20€ entre cuatro, que no es dinero, pero que al final te quedas con regusto regular… en fin... el chaval al final nos llevó donde le salió de los huevos, empezó según nos había dicho sobre el plano, pero luego empezó a improvisar… o no… se desvió y nos llevó a un edificio en ruinas en medio de unos jardines a las afueras de la ciudad (Jardines de Agdal??)… uy uy uy… si no fuera porque habían algunas familias haciendo pic-nic por allí hubiera pensado que aquello era una encerrona... Al final resultó bien: el guarda del lugar nos llevó hasta la azotea del edificio en ruinas, vistas preciosas sobre un estanque, el jardín con olivos, naranjos y palmeras, y al fondo la cordillera del Atlas. Mereció la pena el paseo y el susto… el hombre hasta nos ofreció tomar un té con su familia... 

 

El cochero nos dejó de nuevo en la plaza y del tirón nos subimos a la terraza del Café de France a tomar un té verde viendo la puesta de sol sobre la plaza Jemaa el Fna. Sin palabras, si no el mejor, sí uno de los mejores momentos del viaje, el sol poniéndose sobre la Koutoubia, los muecines llamando a la oración… recomendable llegar con tiempo para pillar un buen sitio.



 



 

Y sí, es cierto, lo que nos habían dicho de que la plaza se transforma a la caída de la noche es cierto, y además lo hace en cuestión de minutos. Los tenderetes, aguadores, serpientes y monos dejan paso a chiringuitos para comer platos típicos, y allá que fuimos como el resto de guiris… pechá de reír con los chavales que salen a captar clientes… en cuanto les dices España, Sevilla, empieza a soltarte su retahíla: “Isabel Pantoja en la cárcel, muy mala”, “más barato que en Mercadona”… Qué arte… Igual que antes el cochero, los del chiringuito nos volvieron a timar… a ver, no es realmente un timo, le pides una cosa y te traen lo que le pides más lo que le sale de los huevos al chaval, que si no le paras los pies te llena la mesa de comida… en fin, que el timo al turista va en el precio y cuanto antes lo asumas mejor, lo consideras como una propina y te dices para ti mismo “ojalá te lo gastes en botica”... que no vas a montar un pollo por 1 euro o dos, si al final comes por 4 duros pidas lo que pidas…



Y ahora toca volver al riad, de noche y sin manguitos… jejeje… la verdad es que lo que nos dijeron el primer día es cierto, la primera vez tardas 20 minutos, la segunda tardas 10. Encontramos el riad entre los 4 sin demasiadas dificultades y después de una duchita, nos subimos a la terraza a por otro té, que estaba empezando a tener síntomas del síndrome de abstinencia… La solución que habían dado al problema de mal olor del armario era poner más aceite aromático en el quemador… para ese viaje no necesitábamos alforjas, cojone… ya hablaríamos con Valentina a la mañana siguiente.



Y así fue, mañana de lunes y Valentina nos dice que dejemos las maletas hechas, nos cambian de habitación para nuestra última noche en Marrakech. Desayuno en la terraza para coger fuerzas y dispuestos a echar un día de calor que te cagas… ayer no estaba yo muy seguro de si íbamos a entrar con el guía en algún sitio donde no me fueran a dejar pasar con pantalones cortos, pero hoy no hay tutía... En el riad nos dan un móvil a cada uno por si acaso nos perdemos, todo un detalle. Y como ya medio controlamos, a patita a los Jardines de Majorelle… que ves el plano y no tiene pérdida, sólo hay que ir en dirección norte buscando la muralla, cruzar la avenida y ya está… Ya está? Mis cojones… un auténtico laberinto… nos decían 10 minutos y tardamos media hora por lo corto, que en aquellas callejuelas pierde uno la orientación y hasta el sentido del tiempo… pero bueno, llegamos… y le quitamos el capricho a Estefi… 

 

Y qué tiene de especial el Jardin Majorelle? Que fue diseñado y creado por Ives Saint-Laurent, miarma. Un jardín muy coqueto, muy bonito, mu chiquetito, mu limpio, mu fresquito (…) pero, a fin de cuentas, sólo un jardín, por mucho Saint-Laurent que sea. Me parece una pasada cobrar 70 dirhams por visitar un jardín, por muy bonito que sea, que lo es. Si ya es caro para los turistas europeos y japoneses no te digo lo que puede suponer para un marroquí medio pagar 70 dirhams… y esa es otra, a ver, 70x4=280, no? Le pago 300 dirhams y me devuelven una moneda de 1€ (!!!). O me devuelves 20 dirhams o 2€, cojone… po no, la colega se hace la sueca y se queda con el cambio… by the face… otra vez que se quedan con nuestra pasta, y tan pancha la colega… Paseo agradable por el jardín entre parejas gays venidos en peregrinación y turistas buscando una sombra, pero ya se nos estaba echando encima la hora del almuerzo, así que buscando la salida ya… Para volver a la medina cogimos un taxi, con el que tuvimos que discutir no sólo el precio, cómo no, sino también el destino !!!! Manda o no manda huevos? Me vas a decir tú dónde quiero ir yo? En fin, como siempre, ni pa ti ni pa mí, pero te cansa tener que pelear una y otra vez por cada dirham…



Fuimos derechos a La Terrasse des Épices, mismos dueños del chiringuito de ayer pero mejor montao… también tenían sombreros de paja para los clientes pero aquí había bastante más sombra y también tuvimos suerte y llegamos a tiempo para pillar una buena mesa. Sitio bastante recomendable, no es barato pero la comida muy buena, mi tajine de cordero estaba de muerte… y no hay que regatear ni se equivocan con el precio… alabado sea el señor!!!

Y después del té verde de rigor, de cabeza para el zoco, que dios nos coja confesaos… Mientras las mujeres se peleaban con los moros regateando por platos, vasos, teteras, babuchas (…) José Antonio y yo filosofábamos sobre la vida y buscábamos la tienda Apple del zoco… al final no la encontramos… Vamos al turrón, el regateo… Lo del regateo es la polla, con perdón: le preguntas al moro “Cuánto cuesta esta tetera?” y en vez de decirte, un poné, “200 dirhams”, te contesta el colega “Cuánto está usted dispuesto a pagar por ella?”. Le das tu precio a ciegas y ahí ya la has cagao… le digas lo que le digas te va a preguntar después “Y cuál es el precio máximo que pagaría por ella?”… C'est téllement fatigant!!! Agotadorrrrr... acaba jartando al más paciente… no es serio… pa los turistas es exótico, curioso, entretenido (al principio) pero es un puto coñazo, acaba uno agotao y con la sensación (más bien la certeza) de que te han engañao… otra vez... Pero bueno, otra experiencia…



Po después de echar la tarde de compras por el zoco, ni puesta de sol ni pollas; para cuando por fin salimos del zoco ya había anochecido así que de vuelta al cortijo. Al llegar al riad nos viene Elena con que ha conseguido que nos cambien de habitación… “sí, sí, sí… lo que tú digas, guapita, vamos a hablar con Valentina”. Valentina se volvió a disculpar y ella misma nos llevó a la nueva habitación, Poivre, para enseñárnosla. Más pequeña, igual de coqueta y sin el mal olor… Duchita al canto y a cenar al Latitude 31, un restaurante en el barrio, cerca (nos dicen), pero ya que nos ofrecen acompañarnos po pa qué andarse con tonterías… la cena muy rica también, ya para entonces Cristina y José Antonio habían caído y andaban con el estómago revuelto, y eso que ni habían bebido agua del grifo, ni ensaladas, ni hielo en la bebida… Igual que nos llevan nos recogen y nos llevan de vuelta al riad; nuestros amigos para la camita y nosotros para la terraza a por el penúltimo té.

Último desayuno en la terraza, la casa por la ventana, hasta brownies nos pusieron… último té verde, últimas fotos al riad, cambalache de regalos para que entrase todo en las 5 maletas, despedida y cierre. Valeria se enrolla y nos hace un descuento de 100€ por las molestias causadas, pas mal, non? Hombre, que el armario olía regular pero realmente en la habitación sólo hemos estado para dormir, y 100 pavos son 100 pavos… Pues eso, besos y abrazos y caminito del aeropuerto, con tiempo, que nunca se sabe… el transfer de vuelta no fue tan sorprendente ni espectacular como el de ida, ni gente con banderas, ni peleas en los atascos… un par de camellos en un semáforo y ya estábamos allí, sin más pena ni gloria. Poco que contar del aeropuerto, otra vez a rellenar papeles de inmigración, otro control de pasaportes, controles de seguridad para hombres y mujeres por separado y ya está... bueno, ya está salvo que el vuelo procedente de Sevilla no ha llegado… media hora de retraso… últimas compras en el duty free, pastelitos típicos y una CocaCola para el vuelo… po te quieres creer que otra vez se quedaron con el cambio?

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