Y
allá que van otra vez los Díaz-Montero a la conquista de Europa,
este año toca Francia, Alemania y Suiza, que dicho así parece que
hemos hecho 9.000 Km, pero no, todo muy cerquita, menos de 2.000…
Planificado con muuuuucho tiempo, billetes comprados en enero,
alojamientos reservados más o menos por la misma fecha, y hasta
última hora haciendo cambios, culpa de (o más bien gracias a)
Transavia y Vueling. Pero vamos a hacer las cosas bien, empecemos la
historia por el principio:
Día
1:
Vuelo
de Transavia Sevilla – Lyon, cambio de hora, en lugar de a las
17:00 me proponen llegar a las 11:00, o sea, medio día más… po
vale... Vuelo sin incidencias, a las 11 y algo de la mañana ya
estábamos allí con nuestras 4 maletitas y las sudaderas y chaquetas
a la cintura, manual del viajero low-cost. Cogemos la lanzadera desde
la terminal 3 hasta el chiringuito de Herz y en poco más de 10
minutos ya estamos en carretera camino de Besançon en nuestro
flamante Ford Fiesta… por cierto, una vez más no nos cobraron el
alzador para Marta, un detalle a agradecer…
Ningún
incidente, ningún problema en el camino, ninguna pelea con la
copiloto por una vez… pagados los 21 euros de peaje (cómo se pasan
estos franceses con los peajes… uffff), parada en un área de
reposo (Aire) para almorzar y llegamos a Besançon, (bueno, a École
Valentin ) sobre las 5, mu buena hora pa dejar las cosas y visitar la
ciudad. El rato que pasamos en Besançon nos resultó muy bonita, con
su río, su catedral, su reloj astronómico… en fin, merece la pena
hacer una parada para visitarla… una pena que la vida acabe a las 7
de la tarde, que to es dar las 7 y parece que ha sucedido un
apocalípsis zombie o la peli de La Purga (con “r”). Subimos a
ver la Citadelle pero… mecachis, las 19:05… “fermée, desolé”,
una pena porque está en la lista de lugares patrimonio de la
humanidad de la UNESCO. Eso sí, las vistas sobre la ciudad
merecieron la pena.
Y
dado el ambientazo que nos encontramos por las calles optamos por una
retirada digna a nuestros aposentos, pasando por un Carrefour para
hacer la compra de las viandas para mañana en el apartamento de la
Alsacia y rematamos la fanea con la ya habitual cena del primer día
en un McDonald.
El
hotel (Première Classe Besançon École Valentin) muy bien situado,
casi a pie de la autopista y muy funcional, al estilo de los Ibis,
todo muy justito y muy correcto, no se puede pedir más por 31€
/habitación (desayuno incluído), pas mal, non?.
Día 2:
Bien
tempranito salimos hacia Riquewihr, Alsace; rumbo norte, dirección
Strasbourg, pasando por caja otra vez con los peajes de los cojones
(esta vez sólo 11€), dejando atrás poco a poco aglomeraciones y
adentrándonos en tierra de viñedos… esto ya es otra cosa, el
paisaje por momentos parece sacado de un documental: las montañas de
Les Vosgues al fondo, viñedos a ambos lados de la carretera,
pueblecitos con casas sacadas de Disneyland… una pasada, precioso…
Pues
nada, encontramos Riquewihr sin problemas, llamamos a la dueña de la
casa antes de llegar y nos estaba esperando preparando los últimos
detalles. Dinerito por adelantado a la señora, 15 euritos más para
la tarjeta de residente para el coche y a darnos una vuelta por el
pueblo bajo amenaza de lluvia. Acabamos almorzando en Restaurant du
Vignoble, no estuvo mal pero tampoco pa tirar cohetes… cervecita
local y tarte flambée, un poco decepcionante, una pizza con la masa
más fina y con mucha cebollita… La lluvia acortó nuestro paseo
por el pueblo así que… plan B, al Leclerc a comprar comida para
los 5 días que íbamos a pasar en la Alsacia. Dos sensaciones
positivas en el Leclerc: la primera que los precios son iguales o
incluso más bajos que en España, la segunda que estoy hecho un
chaval (como Paco Martínez Soria…. Jejeje) aquí la media de edad
de la clientela es de 60 años parriba… qué barbaridad, cuánto
turista alemán del IMSERSO… La tarde estaba cerrada y lo que
apetecía era una sopa calentita con vino (obsequio de la señora),
paté y queso de la tierra (Ribeauvillé)… esto es vida… A las 7
de la tarde aquí también dan el toque de queda y el pueblo se queda
desierto; entre eso, la noche de lluvia y que Riquewihr es un pueblo
prácticamente peatonal, increíble sensación de paz al abrir la
ventana y oír solamente el sonido de la lluvia… priceless…
Día
3:
Antes
de salir habíamos hecho una selección de pueblos que visitar y
ahora tocaba organizar los 4 días que nos quedaban en la Alsacia, y
decidimos empezar por la zona más cercana, para descansar un poquito
de tanto coche… y el primer destino sería Ribeauvillé, muy muy
cerca y muy muy bonito, tanto o más que Riquewihr. Casas de color
con sus vigas de madera por fuera, sus castillo sobre la montaña,
sus calles decoradas con flores, su otro castillo en la otra montaña,
su riachuelo, otro castillo más… Lo visitamos temprano y no había
demasiada gente como habíamos leído en algún foro, aunque cuando
ya nos íbamos empezaban a llegar los autobuses con japoneses… ah,
y probamos los bretzel...
El
segundo destino fue Bergheim, también muy cerca y muy bonito, mucho
más tranquilo que Riquewihr o Ribeauvillé; muy bonitas las casas de
colores con sus vigas por fuera y sobretodo las murallas.
Siguiente etapa: Château du Haut-Koenigsbourg. La silueta del castillo sobre la montaña se ve desde prácticamente todos los pueblos de los alrededores y siente uno curiosidad por verlo de cerca.
Durante
la subida al castillo el paisaje cambia radicalmente, ya no hay
viñedos, la carretera se empina, la espesura del bosque no deja
pasar la luz… parece que estás en la Selva Negra… Vistas
impresionantes y espectacular el castillo de cerca. Nos lo pensamos y
al final no entramos, primero porque se nos echaba encima la hora de
comer y segundo porque realmente los castillos suelen ser más
bonitos por fuera que por dentro, así que carretera y manta para el
último pueblo del día, Sélestat.
Con
la barriga ya protestando llegamos a Sélestat y, tal como compramos
las vituallas hicimos un picnic allí mismo, junto al super,
prácticamente en una rotonda a la entrada del pueblo, jejeje...
sombrita, césped, sin tráfico… pas mal… Seguimos practicando el
difícil arte de aparcar gratis en Alsacia: buscamos parking fuera
del centro, paseo cortito hasta casco histórico y nos empieza a
llover, na del otro mundo pero.. en fin… De todos los pueblos que
llegamos a visitar en los 5 días en Alsacia quizá fuera el que
menos nos gustó, un poco demasiado grande, pierde el encanto de
otros pueblecitos… pero bueno, es cuestión de gustos.
Día
4:
Amanece
día radiante para visitar el pueblo más bonito de Francia según
los propios franceses: Eguisheim. Nos pasó como en Ribeauvillé,
habíamos leído tanto que había tanto turismo que nos sorprendió
verlo con poca gente… tant mieux… callejuelas empedradas, más
casas de colores, más flores y ni una calle recta… de todos modos,
hasta que no ves una imagen aérea no aprecias la verdadera gracia
del pueblo, está dispuesto en círculos concéntricos… mola, o no
mola? Pues eso, precioso.
Y
ahora uno de los platos fuertes del viaje: Colmar, la ciudad más
importante de la Alsacia después de Estrasburgo, la capital.
Aparcamiento en las afueras (el arte de aparcar gratis en Alsacia
jejeje...) y almuerzo tipo picnic en un parquecito en el mismo
centro. No decepciona, ni muchísimo menos. Preciosa ciudad, con sus
casitas de colores, su Petite Venise, sus flores, sus barquitas, sus
mansiones renacentistas… me recordó, salvando las distancias,
algunos pueblos/ciudades de Flandes: Brujas, Gante, Amberes…
Y
de vuelta para Riquewihr, cenita en casa y a ver Fort Boyard en la
tele… jajaja… qué buen ratito en familia viendo a Eric Abidal y
demás personajillos haciendo el gamba…
Día
5:
Desde
el principio teníamos claro que visitaríamos Strasbourg un domingo,
menos tráfico, menos gente al no haber comercios abiertos, menos
problemas para aparcar… en fin, allá que vamos… y empezamos mal…
todos los esfuerzos por evitar los putos peajes fueron una pérdida
de tiempo, después de ir por carreteras secundarias acabamos
incorporándonos a la autopista para comprobar que el tramo
Colmar-Strasbourg es gratis… manda cojones… Empezamos mal y
seguimos peor: resulta que habíamos decidido dejar el coche en uno
de los PR (Parking Relais) a las afueras de la ciudad, por 3,5€
tienes 24 horas de parking + transporte gratis ida y vuelta al
centro… de puta madre, no? Pues no hubo manera de encontrar la
entrada del primer PR que elegimos, una vuelta, otra vuelta y nada…
calle cortada por obras por una lao, por el otro contra mano… otra
vuelta más… nada no hubo manera… El segundo PR por proximidad lo
encontramos enseguida, el problema fue que la línea de tranvía que
lo unía con el centro estaba cortada, o sea, que tocaba trasbordo
tranvía-autobús-tranvía… o sea, que como que no… Y ahora ponte
a buscar otro PR… llevaba descargado en el móvil un plano de
Starsbourg y un plano del sistema de parkings de la ciudad, pero aún
así hubo que cruzar de sur a norte la ciudad… Al final acabamos
aparcando al lado del parlamento europeo, ya casi la hora de comer…
Ahora resulta que no son 3,5 € sino 4,10€… bueeeeeno, no pasa
na… y ni una sola indicación de cómo funciona el PR de los
cojones… se paga ahora o después? Dónde se canjea el ticket de
parking por los billetes de tranvía? En fin, acabamos pagando por
adelantado y conservando el ticket del parking por si en el tranvía
nos venía un revisor… ancha es Castilla…
Tranvía
hasta el centro de la ciudad y a buscar el Burger King, que resultó
estar en la estación de tren (by the way, muy chulo el exterior de
la Gare de Strasbourg), pero antes un pipí… primer europuyazo: 70
céntimos por cabeza, casi 3 euros por una meada familar, precio de
eurodiputado, imagino… joder… bueeeno está, vamos a comer ya que
se nos va el día… Resultó ser el Burrikin más calamitoso que
hemos visitado, no se puede pagar en las máquinas, los empleados
pasando de los clientes, se equivocan en el pedido, no hay juguete
para Marta… pero bueno, ya hemos comido, vámonos ya pa el centro…
Oficina
de turismo y… Zasca!! Otro europuyazo: plano de la ciudad 1,5€,
vaya día, vaya día… en fin... Pues Estrasburgo muy bonita,
parecido el casco histórico a Colmar, con su río, su canal, sus
barquitos, sus flores, sus casas de colores (…) pero ya una ciudad
ciudad, con mucho universitario y mucha bicicleta también. Lo más
pintoresco, La Petite France, me decepcionó un poco, mucha mucha
gente y un poco más de lo mismo.
Compramos
los billetes para un paseo panorámico en un barquito y mientras
llegaba la hora entramos en la catedral, y mira por donde, resulta
que el primer domingo de cada mes es gratis la entrada a la catedral,
la visita a la cubierta y al reloj astronómico. La catedral mu
bonica, el reloj astronómico mu bonico también y la cubierta nos lo
vamos a pensar un rato mientras damos el paseo en barquito… que son
330 escalones… jejeje…
El
barquito muy muy bien, aparte de ver desde otro punto de vista el
casco histórico de la ciudad la audioguía te cuenta un poco la
historia, gentes, arquitectura (…) muy muy interesante.
Y
una vez descansados, vamos para arriba!!! Pues lo dicho, 330
escalones para subir a una altura de 66m. La verdad es que no se hizo
pesado y la escalada merece muy mucho la pena, con la luz del
atardecer la ciudad se veía preciosa.
Pues nada, cansados y ya anocheciendo, a buscar la parada del tranvía más cercana y a rezar para poder sacar el coche del parking, porque lo del PR ese me tenía mosca… Al final ningún problema para sacarlo, ni para encontrar la autopista ni na, eso sí, el viaje de vuelta a Riquewihr un poco pesao, llegamos ya de noche.
Día 6:
Último
día en l’Alsace y hoy vamos en plan tranqui después de la pequeña
paliza de ayer en Strasbourg. Primer pueblo Turkheim, decepción
total comparado con los pueblos que habíamos visto hasta ahora:
campanario, murallas y poco más… Que por un momento piensa uno
como un español que escuchamos en algún pueblecito estos días:
”Estoy hasta los huevos de casas de colores con vigas de madera”…
jajaja, qué arte…
Po
resultó que no, que todavía nos quedaban pueblos chulos que ver,
por ejemplo Kaysersberg. Éste sí que merece y mucho la pena,
castillo, río, callejuelas… muy bonito y muy ricos los pastelitos
que compramos para merendar luego…
Volvimos
a Riquewihr para almorzar, siesta y paseo por la tarde por el pueblo
y viñedos de alrededor. Definitivamente fue un acierto elegir
Riquewihr como base de operaciones, precioso el pueblo, como ya nos
dimos cuenta cuando llegamos hace 5 días, y espectaculares las
vistas desde los viñedos… momento Ballantine total el atardecer
desde los viñedos…
Día
7:
Despedida
a Riquewihr con lluvia, por los pelos no nos pilló metiendo maletas
en el coche… Como durante todo el viaje, ningún problema para
encontrar el camino, la experiencia es un grado… Impresionante el
paso sobre el Rhin, eso sí que es un río…
Y
ya en tierras alemanas, a buscar Triberg, en pleno corazón de la
Schwarzwald, la Selva Negra. Los viñedos y llanuras ya quedaron
atrás, ahora empezábamos a adentrarnos en bosques cada vez más
espesos en medio de una llovizna que afortunadamente no acababa de
romper. La temperatura había bajado hasta los 16º y mi chaquetón
North Face ya no parecía ninguna tontería… jejeje… quien ríe
último…
Por
pura casualidad pasamos junto a Schonach, un pueblecito perdido más
en medio de un valle más, pero la cuestión es que me suena ese
nombre...
Ya
caigo: resulta que tiene el reloj cuco más grande del mundo, así
que parada, sesión fotográfica y de vuelta al coche, y al poco ya
estábamos en Triberg. ¿Y qué hay en Triberg para desviarnos del
camino? Triberger Wasserfälle... cascadas, las cascadas más altas
de Alemania, dicen ellos, 163 m, no está mal… El pueblo precioso,
muy turístico pero precioso, en medio de un valle impresionante. Lo
de El arte de aparcar gratis en la Alsacia aquí ya no vale, me temo…
así que a pasar por caja toca… y a ver las cascadas… Muy muy
bonitas, merece mucho la pena la subida y los 9 pavos que nos costó
entrar, lástima no haber tenido más tiempo y subir hasta arriba del
todo.
Bueno,
la hora de comer… el paisaje mu presioso y mu to pero con esta
llovizna intermitente tampoco es plan de sacar el mantel y hacer un
picnic en un prado junto a la carretera, así que hoy toca picnic
dentro del coche, en el parking de un Lidl… cuánto glamour…
jajaja… pero oye, las vistas preciosas…
Pues
nada, la tarde cada vez más cerrada y los paisajes acojonantes con
la neblina y la llovizna, se entiende perfectamente porqué la llaman
Selva Negra… Bueno, pues eso, vámonos ya para Freiburg, que hemos
quedao allí a las 4 con los del apartamento. Y a las 4 estábamos
allí... Se presentó un colombiano, de Cartagena, me enseñó el
apartamento, me dejó las llaves y se fue… “mañana te dejo un
documento de pago para rellenar”… no sé, nada que ver con la
casa de Riquewihr, como que no me dio buen rollo… Hala, a descargar
el coche y a subir maletas a un 5º sin ascensor… tiene cojone o
no? Llevamos 3 alojamientos y ninguno con ascensor… Dejamos pagado
zona azul hasta las 9:30 de mañana (lo de aparcar gratis en
Alemania… chungo) y a dar una vuelta por Freiburg con el sol fuera
y temperatura perfecta, para ir en manga corta, genial.
Aunque
mi primera impresión del apartamento fue que nos la habían metío
doblá, que mu bonico y mu moderno y mu to pero que estábamos en
Pino Montano, resulta que no: llegas al final de la calle, pasaje
bajo las vías del tren y ya estás en el centro… 15 minutillos…
un Starbucks, un BurriKin al lao… po mu bien, no? Pues eso, paseo
por el centro, canales por el medio de las calles, niños con
barquitos, muy bonito y un ambientazo impresionante, cantidad de
turistas, cantidad de bicis, cantidad de estudiantes… en este
sentido me recordó un poco a Strasbourg. Bueno, po ya hemos visto el
centro, vamos a ir comprando la cena antes de que cierren las tiendas
y de vuelta al cortijo… por cierto, nos vino muy bien el Word Lens
pa elegir la sopa… jejeje…
Bueno,
ya en el apartamento nos dimos cuenta de que, aunque es muy chulo y
muy acogedor y muy bien equipado, no está mal situado y tal y tal,
algunas cosillas no iban del todo bien… 1- tenemos horno pero no
tenemos microondas. 2- el congelador se lo han dejado abierto los
últimos ocupantes y está hasta el corvejón de escarcha, ni enfría
ni pollas. 3- el WIFI no va ni palante ni patrás. 4- la lavadora
tiene el cierre de la puerta roto y no arranca. 5- el sofá-cama
tiene la estructura inferior rota y alguien lo ha intentado arreglar
y ha hecho una auténtica chapuza (esto no puede haberlo hecho un
alemán!!!)… 6- la tele tiene muchos canales pero la final de la
Supercopa con el Sevilla no estaba por ningún lao… 7- el termo,
eléctrico, estaba apagado y hay que esperar media hora hasta que se
caliente el agua para empezar con las duchas. 8- lo más grave, NO
HAY TOSTADOR… que nos había costado una barra de pan 2,7 euros y
no había tostador… esto va al Tripadvisor del tirón...
Día
8:
Toda
la noche lloviendo y por la mañana el sol fuera, así me gusta, cómo
son estos alemanes… seguimos buscando con la esperanza de encontrar
un tostador pero no hubo manera, así que usamos una sartén, al
estilo del Virginiano… Bueno, dejamos una nota al colombiano con
todas las incidencias y nos fuimos camino de Waldkirch para iniciar
una ruta panorámica por la Selva Negra, una especie de “Conozca la
Selva Negra en 1 día”. Y empezamos mal, porque el primer pueblo de
la ruta, Waldkirch, no tiene pinta de tener nada, al menos esa es la
primera impresión: al lado de la autopista, ni montaña ni río ni
na…
Ea,
po vamos para el 2º sitio, el monte Kandel. Eso sí mola y mucho…
bosque, y más bosque, y más curvas y la carretera que se empieza a
empinar y el pobre Ford Fiesta que empieza a sufrir… bancos de
niebla y la temperatura que empieza a bajar y bajar hasta los 8º que
se puso, a eso de las 11 de la mañana… un 10 de agosto… En la
cumbre, 1243 m, ya no había niebla y la temperatura no era tan baja,
pero el North Face se agradecía… las dos capas, polar y
chubasquero… qué buen regalo…
La
tercera etapa de la ruta panorámica era Sankt Peter, un pueblito
chiquetito y bonico que se ve en 10 minutos, totalmente prescindible,
pero bueno, bonito es y como pilla de camino… Aprovechamos y
compramos viandas para hacer un picnic junto al lago Titisee más
tarde
Y
después de Sankt Peter viene Sankt Märgen… un poco más de lo
mismo, sus prados, sus vacas, sus montañas, su iglesia mu bonica…
ni nos bajamos del coche…
Vamos
pa Titisee, el lago de Tito, no el de verano azul, el emperador
romano… bueno, pues Vini, vidi, vinci… llegamos, vimos y…
pasamos de largo, dimos la vuelta, volvimos a pasar, buscamos
aparcamiento… y tuvimos que pasar de largo otra vez… por lo visto
el Titisee es un destino de vacaciones interno, o sea, turistas
alemanes a full, aparcamientos a tope… un poco como intentar
aparcar en el muelle de Puerto Banús un 15 de julio a las 10 de la
noche… pues eso, que lo del picnic al borde del lago como que no…
Pues
nada, con la música a otra parte… al monte Feldberg… eso creía
yo, que era un monte, pero no… una estación de ski con todas las
de la ley a 1493 m, cumbre más alta de la Selva Negra. Como ya
habíamos comprobado, el parking gratis en Alemania es complicao, así
que para qué complicarte la vida… al parking de la estación de
ski del tirón y a buscar un sitio para hacer un picnic, que al final
fue la puerta de entrada a la ruta de ascensión al Feldberg, a 1200m
de altitud, no estuvo mal el sitio ni el picnic, con un bocata de
jamón es complicao que algo salga mal… jejeje…
Una
vez repuestas las fuerzas estuvimos a punto de hacer la ruta hasta la
cumbre pero se impuso la lógica, entre que amenazaba lluvia y que
era algo así como una hora y pico parriba y lo mismo pabajo… Plan
B, subimos en remonte… po va a ser que no, como 30 pavos por subir
a una cumbre que se ve ahí mismo??? 300 m de desnivel??? Anda y que
te vayan dando… Pues eso, turismo alemán a precios alemanes, y los
tiesos haciendo picnic… Lo que sí que hicimos fue montar a Marta
en una de esas atracciones de saltos en una cama elástica con
arneses… cómo disfrutó la benjamina!!! Jajaja… Viendo el
nivelito del lugar, los 3 pavos del aparcamiento me resultaron poco
menos que de risa…
Bueno,
carretera y manta que se nos hace tarde… próxima etapa, lago
Schluchsee… lago natural (no como el Titisee), mucho menos
turístico pero igualmente bonito. Alquilamos una barquita y
estuvimos media hora dando bandazos de una orilla a otra, haciéndonos
fotos y riéndonos… de los mejores momentos de todo el viaje. Y
vaya rasca… North Face forever!!!
Y
ya de camino a Freiburg, última parada: Todtnau. Las niñas se
habían quedado dormidas en el coche, el cansancio ya empezaba a
pasar factura…
Mientras
Estefi daba un paseo por el pueblo buscando una pastelería donde
comprar una Schwarzwaldtorte (un pastel selva negra, vamos, que tiene
cojone que sea más fácil de encontrar en San Joaquín que en la
Selva Negra), yo me quedo con ellas, el coche mal aparcado, pero
bueno, estoy ya harto de coche por hoy y hasta los huevos de pagar
parking, así que que sea lo que dios quiera… Y cuando salgo a
estirar las piernas, me da por mirar atrás y veo, en la ladera de la
montaña, una especie de mezcla de tobogán y montaña rusa!!!!
Flipante!!! Yo me quiero subir!!!! Unos remontes te llevan a la cima
de la montaña y bajas por unas vías como si fuera una montaña
rusa… ya te digo, alucinante, lástima que cerraran a las 4:30 y
eran ya las 6…
Pasamos
al lado de las Todtnauberger Wassefälle, otras cascadas, pero lo que
iba apeteciendo era más bien una duchita… otra vez será…
Llegada
a Freiburg sin problema y pizza para cenar en el apartamento mientras
la lluvia había vuelto, como la noche anterior… estos alemanes…
El colombiano había dejado una nota de disculpas por los
inconvenientes y un 10% de descuento… bueeeeeno…
Día
9:
A
las 9:30 ya estábamos en marcha y, como fue tónica en todo el
viaje, sin problema alguno para encontrar el camino a Basel, Basilea,
donde la 5ª copa Europa del Sevilla, ole!!! Primeras banderas suizas
en el horizonte, puesto fronterizo tipo peaje y, efectivamente peaje
al canto… bueno, allí lo llaman “la Vignette”, un sellito pal
coche como el de la ITV pero morao, redondito y pelín más caro, 40
pavos… Willkommen in Switzerland!! Pues ya está, de perdíos al
río, ya tenemos tarifa plana de autopistas… más caro es Francia,
joer…
Rumbo
sur hasta Berna y a buscar parking en el centro… Parking Casino,
como aparcar en La Campana, vamos… que sea lo que dios quiera, mu
caro no puede ser si solo vamos a estar unas horas de paseo por el
centro… y antes de salir a la calle un pipí… a franco por
cabeza, metes la moneda y se abre el torno… y si no tienes monedas
suizas? Joer, con esto no contábamos… Dios aprieta pero no ahoga,
la parábola del buen samaritano… el señor que estaba al cargo se
apiadó de nosotros y nos dejó pasar. Danke schön!!
Oye,
merece y mucho la pena Berna, casco histórico muy cuidado, sus
calles empedradas, sus banderas con su oso, su catedral, sus banderas
suizas molonas, su reloj astronómico… Y el río!!! Aar!!! Río
Aar!!! Qué cosa más bonita, miarma… color turquesa!!! Muy bonito
todo, precioso, pero caro que te cagas… ejemplo: 4 menús en el
BurriKin de al lado de la estación de tren… 48 pavos… sin postre
en el menú infantil… y va el moro y me quiere cobrar 20 céntimos
por un sobrecito de ketchup… anda y que te den, home!!! Bueno, y
ahora toca pagar el parking… ay virgensita del Carmen… casi 13
leuros… bueno, visto lo visto lo ves hasta normal, pero son mas de
2000 pejetas… Ea, ya está, pagamos con tarjeta y ya nos
enteraremos de la multa a final de mes… pues no… sólo se puede
pagar con cash… menos mal que llevamos euros… la vuelta en
francos… nos puede venir bien…
Ea,
po dejamos Berna atrás y dirección sur, Friburgo (el suizo),
buscando los Alpes. Antes de las primeras estribaciones de las
montañas, desvío para ver Gruyères, donde el queso. Paisaje
espectacular, faltan palabras… la Selva Negra parece un cerro
comparado con las montañas que se adivinan tras Gruyères…
Pueblo
medieval, fortificado, con sus murallas, su foso, sus almenas…
precioso. Cruzamos las murallas y paseo por el pueblo para estirar
las piernas: muy medieval, muy turístico, muy cuidado, muy francés
y, definitivamente, muy incontournable… Nos encontramos con la
sorpresa de que HR Giger, artista suizo diseñador/creador de la
criatura de Alien, tiene un museo allí… fíjate… y una cafetería
enfrente decorada como si estuvieras en las entrañas de una de un
bicho de las pelis de Alien… muy chula, hasta las niñas me dijeron
que a la vuelta querían ver Alien… jejeje…
Ea,
ya se acabaron las paraítas, ahora ya del tirón a buscar Leysin…
que en el mapa está muy cerca, pero que por aquellas carreteras de
montaña tardamos un huevo… y encima un tramo de la carretera
cortado por obras para ponérnoslo más difícil…
En
fin, llegamos, muy muy cansados pero llegamos, y nada más entrar en
el pueblo estaba el hotel, La Tour d’Aï, menos mal… Tercer piso
sin ascensor en lo que más que un hotel parece un refugio de
montaña… joer, 4 de 4, ni un puto ascensor en 4 alojamientos… La
señora de recepción que nos acompaña nos dice que cree que la
habitación nos va a gustar… y vaya si nos gustó… techo
abuhardillado, todo madera, 3 habitaciones, 7 camas, vistas a los
Alpes… y wifi... por fin!!! Una pasada, nos encantó nada más
abrir la puerta… las niñas eligiendo en qué cama iban a dormir,
nosotros poniéndonos al día con la familia y tarde de relax…
tumbaos, sin ruido alguno, escuchando sólo el sonido de los
cencerros de las vacas y el de una fuente justo frente a la ventana…
Viendo
el tiempo que habíamos tardado hoy en recorrer unos pocos kilómetros
y viendo los planes para el día siguiente decidimos, en buena hora,
cambiar de planes… Interlaken debe ser muy bonito, subir al
Jungfrau debe ser una pasada, y cualquiera de las posibles
actividades que habíamos barajado hacer hubieran sido buena opción,
pero 2 horas de camino para la ida y otras 2 para la vuelta, la
mayoría de ellas por carreteras de montaña eran poco menos que una
locura… plan B: nos quedaríamos en Leysin y por la tarde iríamos
a ver el lago Léman.
Día
10:
Penúltimo
día ya, cómo pasa el tiempo… desayuno en el hotel con cata de pan
incluida, y a por Leysin... A ver, Leysin está a 1336 m de altitud,
allí acaba la carretera, más p’allá no hay na, ya es de por sí
un destino como estación de ski en invierno y en verano es la base
para rutas de senderismo, mountain bike, vía ferrata, parapente…
Optamos por lo más vistoso y lo que pensamos que más gustaría a
las niñas: subida en telecabina a la Berneuse, a 2048 m. Casi 40
pavos, más caro que el Feldberg en Alemania, pero esto son casi 800
m de desnivel y el paisaje alpino desde la cumbre promete… La
subida muy espectacular pero no tanto como las vistas una vez arriba…
montañas y montañas y picos nevados a lo lejos, el Matterhorn,
Mont-Blanc, el lago Léman justo detrás…
Merece
mucho mucho la pena, por cierto, si alguien se quiere dar un
capricho, hay un restaurante arriba, Le Kuklos, un restaurante
giratorio con vistas que ya te puedes hacer una idea… Teniendo en
cuenta que comer en un Burrikin de una estación fueron casi 50 pavos
ni se nos pasó por la cabeza tomarnos una tapita de ensaladilla…
en fin, otro nivel, nunca mejor dicho…
Después
del paseo por la cumbre y la sesión fotográfica de rigor, vuelta a
Leysin a por el coche y seguimos bajando hasta Vevey, junto al lago
Léman. Los suizos son buenos en muchas cosas pero en otras no tanto,
por ejemplo: señalización… ¿Es posible meterse en la nacional
siguiendo las indicaciones para ir por la autopista? Po zi… Pero
bueno, todo es para bien, pasamos por Montreaux y junto al castillo
de Chillón. Y llegamos a Vevey, bonita ciudad o más bien, ciudad en
un bonito enclave; bonito no, lo siguiente, montañas a su espalda y
justo a la orilla del lago. Famosa porque allí vivió un tiempo y
murió Charlie Chaplin y, sobretodo por ser la sede mundial de
Nestlé, casi na… De cabeza a un centro comercial para dejar el
coche y comprar los avíos para hacer un picnic (otro más, manual
del turista low cost) junto al lago. Otra cosa mala en Suiza: según
parece, los parkings no se pueden pagar con tarjeta, y este en
concreto no admitía billetes de euro, así que con los 3 francos que
nos devolvió el parking de Berna nos tenemos que apañar… da para
3 horas, no está mal… A la espalda del centro comercial, un canal
con agua cristalina, que desemboca en el Lago, y allí mismo un
parque donde montar el picnic… idílico, sin palabras…
temperatura perfecta, sombrita, el césped, el lago, las montañas,
los veleros… coño, hasta cisnes había en el lago…
Bueno,
paseíto junto a la orilla hasta el famoso tenedor frente al museo de
Nestlé y de vuelta al coche.
Para
la vuelta a Leysin sí que encontramos la autopista, a la segunda o a
la tercera pero la encontramos. Nos plantamos en Aigle en un pis pas
(oye, precioso el castillo también, eh, tanto o más que el de
Gruyères) y, ea, a subir p’arriba otra vez… el Ford Fiesta,
pobrecillo, que se quedaba en las rampas de Alemania aquí sufrió
pero tela… y en cuanto miro por el retrovisor ya tengo encima otra
vez un Audi Q7 negro… o un BMW X6 negro… o un Porsche Cayenne
negro… la cuestión es que tienen unos coches que lo flipas, todos
negros, pero no tienen huevos de adelantar, ni poniéndoles el
intermitente ni haciéndoles señas con la mano para que pasen, ni en
rectas con visibilidad… nada, como no te eches a la cuneta no te
pasan… lo mismo es que está prohibido… a saber…
Bueno,
una vez conoces el camino, Leysin está ahí mismo: llegas a Aigle y
empiezas a subir y subir y subir hasta que se acaba la carretera…
entras en el pueblo y aparcas a mano izquierda… La habitación del
hotel cada vez me parece más acogedora, dan ganas de echarse una
siesta escuchando el chorrito de la fuente y los cencerros de las
vacas… Dejamos a las niñas con su Nintendo y su móvil y nosotros
dos salimos a dar una vuelta por el pueblo y localizar casita para
alquiler/compra… jajaja… de 750.000 € en adelante, como en el
programa de Divinity de David y Hillary… jajaja… pues eso, otro
nivel…
Y
poco más, puesta de sol desde la terraza, cena en la habitación y a
descansar, que mañana va a ser un día muy largo…
Día
11:
Último
día, el día más laaaargo… Desayuno tempranito en el hotel y ya
dejamos la ropa de abrigo en el maletero, hasta diciembre no creo que
nos vuelva a hacer falta… jejeje… Bajamos de Leysin hasta Aigle
(otra vez, vaya castillo guapo), y esta vez entramos sin problema en
la autopista, hay que amortizar la vignette… Bordeamos todo el lago
Léman counterclockwise por el norte hasta Ginebra y ya cruzamos la
frontera hasta Francia buscando Annecy… y empieza la sangría
francesa con los peajes… la madre que los parió…
Llegamos
a Annecy, sábado, tiempo espectacular, gente por un tubo… media
hora para encontrar una plaza en un parking… con el depósito en
reserva… a pique de darme un infarto… Annecy muy bonita, con su
casco histórico, su catedral, sus canales, su lago… no vimos reloj
astronómico pero seguro lo había… Muy muy bonita la ciudad.
Comimos en La Galette Bretonne, no es comida local pero al menos es
comida típica francesa, algo es algo… y se le empieza ya a ver el
final a esto…
Volvemos
a la autopista con gasolina pa menos de 50 Km… p’habernos matao…
al final hubo suerte y al poco encontramos una gasolinera, dios
aprieta pero no ahoga… los que ahogan son los putos peajes… 21
pavos nos sangraron en total en menos de 150 kilómetros desde que
dejamos Suiza hasta el aeropuerto de Lyon, manda cojone!!! Y nos
parecía cara la vignette suiza, esta gente hacen que parezca una
ganga… y encima las máquinas de peaje tiquismiquis: o efectivo o
Visa, Master Card no les vale…
Y
ya llegando a Lyon, dejamos la autopista en la penúltima salida
buscando un Carrefour para comprar los avíos para el último picnic,
sería ya en el aeropuerto, ahora sí que se le ve el final a esto…
Llenamos depósito en la gasolinera del aeropuerto, entregamos el
Fiesta en Herz (1846 Km, pas mal), lanzadera hasta la terminal con
tiempo para pasar los controles de seguridad y dispuestos a echar la
tarde de tiendas… El aeropuerto de Lyon, Saint-Éxupery,
francamente decepcionante, están haciéndole obras de ampliación y
en unos años será una pasada, pero ahora mismo casi tan penoso como
el de Sevilla… En fin, un disgusto para Estefi, porque nuestro
vuelo era el último en salir y teníamos un par de horas para ir de
tiendas, jejeje…
Embarcamos
on time, ya estaban apagando las luces y cerrando el chiringuito las
del duty-free, y hala, a relajarme y dormir un poco durante el vuelo…
mis cojones… me tocó al lado una chavalita china con su hija
chinita en ventanilla… al poco de despegar una peste a cagalera de
niño chico… horrorozo… pues nada, al baño a cambiarle el pañal…
pobrecita… a los 10 minutos otra vez la misma peste… otra vez pal
baño… y otra y otra… No sé qué habría comido esa criaturita
pero mínimo 5 veces la llevó la madre a cambiar, y te aseguro que
esa niña llegó a Sevilla cagá, o la china estaba ya hasta el
mismísimo de levantarse o se le acabaron los pañales.
Pues
nada, 11 días intensos, mu presioso to, qué bien lo pasemo,
mogollón de fotos, 2 o 3 kilos de más y ya mismo empezar a mirar a
ver dónde vamos el año que viene.
















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