Así como por casualidad nos llegó el folleto de un viaje organizado a Marruecos: 2 días, Tánger, Tetuán y Chaouen, todo incluido por 155€ ¿Traslados en bus, ferry a Ceuta, comidas con bebida y espectáculo incluidos, hotel 4 estrellas media pensión, paseo en camello, guías y seguro de viaje por 155€? No me salen las cuentas pero habrá que investigar porque los destinos son interesantes y lo mismo merece la pena arriesgarse, porque si bien Tánger está a tiro de piedra en ferry y se puede hacer ida y vuelta en un día, Tetuán no tanto y, sobretodo para ir a Chaouen, no sería tan fácil, o te alquilas un coche (conducir en Marruecos… jaarrrrrr) o excursión organizada… Pues eso, que nos lo pensamos y nos echamos palante, y se animaron a acompañarnos Pepa y Jesús, los tíos de Estefi, mu viajaos pero no conocen todavía Marruecos.
Bueno, po a las 6 y media, 7 menos algo llegamos al puerto de Algeciras, impresionante la imagen de los puentes grúa del puerto de noche, además que las vimos varias veces y desde varios ángulos porque el chófer dio 70 vueltas buscando a ver dónde ponía el huevo… ahora p’allá, ahora p’acá, coño, que llegamos a dudar si el ferry nos iba a llevar a Tánger o a Ceuta… Bueeeeno, al final no hubo sorpresa y el ferry nos lleva a Ceuta.
Bueno, vamos a lío, a pasar la frontera: nos piden los pasaportes y Mohamed se encarga de llevarlos todos al funcionario de la aduana, y nada, a esperar que revisen y sellen los 50 pasaportes… 45 minutos… pero vamos, que no nos aburrimos, eh! La frontera del Tarajal es muy muy interesante, lástima no poder grabar vídeos o hacer fotos… me estoy acordando de la expedición de jipis ingleses, 3 furgonetas remolcando 2 coches y otra furgoneta, hasta el techo de equipaje los 6 vehículos: colchones, muebles, bicicletas (…) y cerveza, mucha mucha cerveza (son gilipollas o son gilipollas?), tres policías rasos allí mareando la perdiz, que sí que sí, que no que no, que a la Parrala le gusta el vino, y los jipis intentando explicarle a los policías pa dónde van y pa qué va a necesitar to lo que llevan, hasta que llega el que corta el bacalao, el único que lleva el uniforme de su talla (jejeje), y en dos minutos les dice que no puede ser, que deberían saber a qué país van y que del palé de latas de cervezas que llevan (literal), como mucho pueden pasar 2 cartoncitos, o sea, 48 latitas, ni pa echá el día… a tomá por culo, a darse la vuelta pa Ceuta, por gilipollas.
En fin, que hasta se te hace corta la espera con el espectáculo de la frontera, pero nada, de vuelta al bus y camino de Cap Espartel, lugar donde se unen Océano Atlántico y Mar Mediterráneo.
Y camino a Tánger, seguimos por la costa y llegamos a la Gruta de Hércules, una cueva en la que entra el mar y que forma la silueta de África… muy discutible, pero el sitio es chulo, no para ir expresamente pero ya que estás por allí… Allí ya tuvimos los primeros incidentes con moritos intentando meterse en el hueco del guardabarro de las ruedas del autobús, ahora se comprende lo de echar la llave al maletero nada más cruzar la frontera, pero bueno, Juan el chófer les quitó la idea de la cabeza con un palo.. jejeje…
Bueno, y ya con más hambre que un caracol en una veleta volvemos al bus dirección Tánger, pasamos junto a Tánger Med, el nuevo puerto de Tánger, igual o más grande que el de Algeciras, una pasada lo que están montando allí esta gente. Visita panorámica desde el bus (vamos, que mientras el bus llega al destino el guía te va contando lo que vas viendo) hasta llegar al Hotel Ahlem Village, donde nos espera una riquísima comida típica (ensalada, couscous con verdura y pollo, fruta, pastelitos y té) animado todo por música y baile tradicional andalusí. Muy rico todo, y muy buena compañía que tuvimos, las chicas de oro, 4 señoras mayores de Mairena del Aljarafe.
Después de la comida, visita a la medina, y zoco, nada que ver con Marrakech. Ya aquí Mohamed empezaba a despintar: “para comprar falsificaciones aquí, para comprar pasteles allí...”. En fin, en media hora no da tiempo a ver mucho, pero me temo que es que no hay mucho que ver en Tánger… bueno, po después del paseo de vuelta al bus, ya contrarreloj y la gente quejándose de que no les ha dado tiempo de na… y menos que nos va a dar si nos centramos en tiendas y chuminás…
Y como quien no quiere la cosa Mohamed nos mete en una farmacia bereber donde perdemos media hora escuchando a un vendedor de crecepelo (es un decir) explicando lo maravillosas que son sus cremas, sus esencias, su aceite de argán de los cojones… en fin, lo que decía antes, lo que no pagas con dinero lo pagas con tiempo.
Po ya con lo ánimos calmaos hora y cuarto de camino de montaña hasta Chaouen, o Chefchaoeun, que por lo visto significa montaña en bereber.
Bueno, pues Mohamed nos presenta al guía Ahmed, un chavalín del pueblo que parece formal. Nos va enseñando calles, plazas, puertas de la muralla (…)
Bueno, al lío: por qué tantos nombres de calles en español y por qué el color azul del pueblo? Po resulta que los judíos que no quisieron convertirse al cristianismo fueron expulsados de España por los Reyes Católicos, pues una colonia de judíos procedentes de Granada se instala allí y pintan sus casas de azul para diferenciarse de los árabes, ea… y por qué precisamente de azul? Bueno, según el guía por los mosquitos, igual que el amarillo los atrae el azul añil los repele… no sé yo, nos lo podrían haber dicho a todos y no guardarse el secreto pa ellos, no? Una ruina pa el Aután y el Baygón… En fin, no sé yo…
Aquí sí que nos dieron tiempo pa pasear, comprar, hacernos fotos y demás, la verdad es que el pueblo es muy bonito y merece mucho la pena, pelín masificado, complicado hacer fotos sin gente, pero por lo demás muy recomendable. A las 12:45 frente a la alcazaba y a comer a Restaurant Casa Hassan, un tagine ternera muy muy rico, pero rico, eh, por que me empezaba a dar vergüenza seguir comiendo del plato de las chicas de oro, que si no todavía estoy rebañando…
Parada de 15 minutos de nuevo en el Hotel La Paloma (Tetuán) para baños, wifi y café y ya directos pa Ceuta, esta vez por autopista de peaje.
Los trámites aduaneros esta vez fueron de apenas 10 minutos, ni nos bajamos del autobús, y en un momento ya tenía Juan el autobús aparcado en el puerto. A ver, la duda ahora era cenar a las 6:30 de la tarde en un bar del puerto o comprar algo y cenar en el ferry, que las 8 ya es una hora más normal pa cenar, y además el glamour de una cena en la cubierta Sirena del Passió per Formentera no tiene na que ver con una barra de bar, jejeje… Pues nada, a un supermercado a por pan, fiambre y Ruffles y de vuelta al puerto a embarcar tras pasar los controles de seguridad. Anduvimos listos, la experiencia es un grado, y pillamos una mesa pa 4 donde cenamos divinamente, no fue la cena de gala del capitán en el Queen Mary pero bien a gusto que estuvimos.
To put it all in a nutshell, poniendo lo positivo a un lado de la balanza y lo negativo en el otro, gana de largo lo positivo: conoces 3 ciudades que difícilmente conocerías de otra manera, los buenos ratitos y las risas con la gente, las comidas, las explicaciones del guía… en fin, que lo mismo viajamos con Yolanda otra vez.

































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